Origen: Al término de una de sus clases de Navegación al curso de aspirantes a Pilotos de Marina Mercante, en la Escuela Naval Arturo Prat, el profesor y Capitán de Alta Mar, don Julio Castillo Concha, al momento de salir del aula, advierte: “ Y por si acaso, les hago presente que la Marina Mercante no tiene himno.” Este comentario hecho al pasar fue la coronación de un breve escape del gentil pero riguroso Capitán Castillo a las materias de su ramo, a raíz de verse en la necesidad de hablar de su participación como saxofonista en una agrupación de Jazz. Esto fue en los primeros días de Septiembre de 1973. Aquella frase motivó a uno de los cadetes del curso, Arturo Márquez Soto a obsesionarse con la idea. Pertenecía a una familia con gran interés por la literatura y la música y a esas alturas, ya se había probado personalmente en cuanto a la creación de letras y músicas, en los géneros folclórico y melódico. En el transcurso de una semana dio forma a la letra y a la música de un himno. Pocos días después, durante el transcurso de un descanso en el Patio del Buque de la Escuela Naval, se acercó al Suboficial Mayor don Julio Arenas Zamora, quién era el Director de la banda instrumental de la Escuela, y que en ese instante descansaba a la sombra de un eucaliptos. El cadete Márquez le cuenta acerca del himno y le consulta si sabe escribir partituras. Sonriendo el gentil Suboficial Arenas, contestaría: “Es como preguntarle a un panadero si sabe hacer pan.” Esa frase dio pie a todo el proceso de orquestación del himno para treinta instrumentos y a una amistad sin término. El señor Arenas cita al cadete en hora de recreo (retirada de las 14:00 Hrs.) para que en grabadora de cinta, cantando y tarareando, registre la música y la letra recién creada. Esa reunión y las sucesivas se efectuaron en una pequeña habitación del Sector Planta de la Escuela, que estaba vedado para los cadetes, por lo que cada sesión de trabajo significaba para Márquez el riesgo de ser castigado.
Tres meses después, en Diciembre de 1973 el himno es ejecutado por primera vez en público con banda completa en el mismo Patio del Buque de la Escuela, suceso que impacta hondo en el autor, que ese año es brigadier, y que esa tarde había estado en biblioteca y no tenía antecedentes de aquel estreno.
En 1977, gracias al auspicio de la Asociación Nacional de Armadores, el himno es grabado en el mismo Patio del Buque de la Escuela Naval por el sello Odeón, interpretado por un coro de 90 cadetes, con acompañamiento de la banda instrumental.
Se convierte así en el himno oficial de la Marina Mercante de nuestro país. Posteriormente, siendo Piloto Tercero y navegando en buques de Sudamericana de Vapores, Márquez compone el himno de la Escuela de Tripulantes de Valparaíso a petición del Director de dicha Escuela, don Luis Atineos Lazarte. Este himno también fue orquestado por el Suboficial Sr. Arenas.
La creación simultánea de letras y músicas, de diversos géneros sigue siendo una actividad predilecta de quien actualmente ostenta el título de Capitán de Alta Mar, es Presidente del Colegio de Capitanes y Pilotos de la Marina Mercante Nacional A.G., Asesor Marítimo del Consejo de Monumentos Nacionales y autor de la iniciativa que creó el Día del Patrimonio Cultural de Chile.